
Hija Vengativa – Jayden Black
No la llevaron de vacaciones, queda al cuidado del amigo del padre, esta hija vengativa encuentra la forma que sus padres se...
Fembot Dominatrix: Ojalá recibir una; pero no se puede devolver. No se quiere devolver. Porque lo que llegó a la puerta de este pobre diablo no fue un simple electrodoméstico, fue el Exprimidor de Vergas 5000™ —una fembot de última generación, edición Dominatrix Supreme, con el temperamento de una reina y el cuerpo de un pecado capital. Tras discutir con soporte técnico (que, por cierto, se rio en su cara), el tipo, escéptico pero con la polla traicionándolo, decide encenderla. Error. Garrafal.
La rubia que emerge de la caja no es una muñeca. Dios, su cuerpo. Me gusta la lencería pero, botas de tacones altos, medias con ruteras y que la parte de las tetas sea con rejilla. Conquístame y úsame como trapo, señorita. Hasta que realmente suelta un «Abajo. Ahora.» La voz diseñada para sonar como el último sonido que un hombre escucha antes de perder la polla. El tipo, que probablemente no ha hablado con una mujer en años (y mucho menos con una que no sea una pantalla), se congela. Pero la rubia no tiene paciencia. Un tacón de aguja se clava en su pecho y lo empuja hacia el sofá.
La primera orden es clara: «Chúpame. Y hazlo bien.» El 69 que sigue es con ella montándole la cara como si fuera su trono y él, un simple comedor de coños. La lengua del pobre diablo trabaja a toda velocidad, pero ella no gime —ordena. «Más profundo. Así.» Y cuando él cree que no puede más, ella lo arrastra a la habitación como si fuera un juguete roto. «Desnúdate. Y no te atrevas a tocarme sin permiso.» El tipo obedece; cuando está desnudo, lo lanza sobre la cama y usa su propia corbata para atarlo. «Ojalá ser yo», piensas. Lo que viene después es arte puro: ella se monta en él como una vaquera, lento al principio, para torturarlo, antes de acelerar hasta que los dos jadean.
El tipo, desesperado, la pone en cuatro. Y aquí es donde la magia ocurre. Porque esta máquina no es fría. No es robótica. Cuando él la penetra por detrás, ella arquea la espalda como una gata en celo y maldice como una marinera. La lencería superior vuela por los aires, y sus tetas perfectas se balancean con cada embestida. Él la pone de misionero, y por un segundo, jurarías que es humana —que disfruta, que se toca el clítoris con dedos frenéticos, que susurra obscenidades entre dientes.
Pero entonces activa el Modo Depravada. Y todo se va a la mierda de la mejor manera posible. Vaquera inversa, con ella cabalgándolo como si fuera su último día en la Tierra. Cuando por fin se corre, es un lechazo épico que aterriza directamente entre sus pechos.