
Los masajes de Daniel me dejan como si me hubieran follado
Daniel aceptó hacerme masajes, me dijo que eran distinto, joder, quedé como si me hubiera follado. Es que te ha follado mujer!,...
Los labios rojos de Gwen eran una declaración: no volvería atrás. Minifalda negra, camiseta mal puesta, piel caliente, por el apuro no se puso sujetador. Zac dudó al principio, pero abrió la puerta de su auto blanco como quien acepta una apuesta peligrosa. Apenas arrancaron, ella se inclinó sobre sus piernas, gesto impulsivo, agradecimiento con intenciones que ardían. Él la apartó con firmeza, aunque no del todo. La tensión flotó en ese espacio cerrado, vibrando entre miradas que no se conocían, pero ya sabían demasiado. Gwen quería sentirse viva, y él… dejarse llevar. Lo que pasara en el apartamento no seguiría reglas. No sería tierno. Sería fuerte. Brutalmente sincero. Como un choque entre almas que no temen quemarse.
Claro que ella no cometió ningún delito, como Nina Elle que escapó de la prisión para ir a tirarse un hombre.