
Con la pistola lista para disparar
En el árido desierto del Oeste, el viento levantaba nubes de polvo y justo a eso vamos, al polvo jaja. Dos figuras se destacaban en...
Nunca pensó que esa tarde, entre fórmulas y cajas de inventario, algo pudiera tentarla. Pero entonces entró él. Alto, seguro, y con una sonrisa que parecía tener historia. Pidió preservativos XL como quien pide un café, sin titubear. Sharon Lee, escéptica, alzó una ceja. Fanfarrones sobran. “Debería probárselo antes de irse”, bromeó, sin esperar que la situación diera un giro. Cuando vio el contenido del paquete, el aire se le quedó atrapado en la garganta. No era broma. No era exageración. Era… sorprendente. El guardapolvos blanco resbaló por sus hombros hasta el suelo como por instinto. Ian Scott, así dijo llamarse, no iba a salir por esa puerta tan rápido. La farmacéutica tetada necesitaba confirmar algo más: su propia prueba de calidad, rigurosa, minuciosa… inolvidable.