
¡Emma Hix, mi sexy doctora empezó a chuparme la polla!
Todo comenzó como una visita médica rutinaria, hasta que nuestro protagonista, al quedarse solo en el consultorio, no pudo...
El divorcio había dejado a Emma Hix en la ruina, pero el destino tenía otros planes. Mientras practicaba yoga en su apartamento, un hombre moreno y corpulento la interceptó con una excusa: «Tiene 24 horas para pagar unos papeles legales… o las consecuencias serán graves». Sin un mango en el bolsillo, la rubia fitness no dudó en ofrecer la retaguardia: «¿Puedo pagar… de otra forma?».
El hombre, con una sonrisa de chocolate derretido, no necesitó más explicaciones. Al ver cómo le agarró la dura, aceptó el trato sin pensarlo dos veces.
Emma Hix no perdió el tiempo: le bajó el pantalón y se encontró con un monstruo que su exmarido jamás soñó tener. Emocionada, desplegó sus habilidades de mamadora profesional, esa garganta profunda que encajaba vergas de todos los tamaños y colores como si fueran caramelos. Con cada movimiento, el moreno gemía, sabiendo que esta no sería una mamada cualquiera.
Pero el festín apenas comenzaba. La levantó y la sentó en la encimera de la cocina, donde le devoraron el melocotón hasta dejarla lista, lubricada y ansiosa. Por fin tendría un sexo que duraría más de tres minutos—y vaya que lo cumplió. Con solo mover la punta, la rubia ya se volvía loca, y con cada embestida, se adentraba más en un éxtasis de gemidos y nostalgia por lo que su ex nunca le dio.
El sofá fue el siguiente escenario. Un interracial brutal donde la detonaron en misionero, mientras el moreno la penetraba con una fuerza que la hacía gritar de placer. De perrito, aprendió lo que era ladrar de verdad, y en vaquera inversa, con el semen chorreando de sus genitales, se vino como una yegua montada por un toro.
El final fue épico: una corrida que apuntaba a su boca, pero que desbordó hasta sus tetas, dejando claro que este pago en especie había sido la mejor transacción de su vida.