Destrozame la pija rellenita


Agregado el: 07/06/2026Visto: 204 vecesPornstar:

Todo comienza con Katie Kush besuqueándose con Seth en el sofá, ajena a lo que se avecina. La muy descuidada ya le había sacado la pija a su hombre, dejando al descubierto un mástil que prometía tormentas. Y entonces, como un huracán rubio, llega Jenna Starr: con pollera y suéter no parecía gran cosa… hasta que al saludar a Seth, sus ojos se clavaron en su erección. La muy corpulenta lo miró y supo lo que el pensaba «Destrozame la pija rellenita».

Ya en la cocina, con la novia distraída, Jenna no pierde el tiempo. Se levanta la falda desnudándose y hace gestos búlgaros que no dejan lugar a dudas: «cojamos». Seth, víctima de su calentón, no lo piensa dos veces: le desprende el suéter y se devora sus tetas. La mesa de la cocina se convierte en cómplice una vez que la novia voltea: Jenna escondida por la mesa muerde un trapo para ahogar sus gemidos, mientras Seth la penetra solo pensando con la de abajo.

Pero el juego apenas comenzaba. Cuando la novia se acerca, Seth no se detiene: la manda al piso en cuatro, penetrándola como si quisiera partirla en dos, mientras disimula con esa torpeza de quien sabe que está cavando su propia tumba. El sofá es el siguiente escenario para encubrir la situación: Jenna se monta sobre él, moviendo el culo hasta resonar en la habitación ¿Cómo no se da cuenta la novia?. El semen le chorrea por la concha pero la muy desgraciada no para. Hasta que la novia se acerca.

El disimulo alcanza niveles de arte: Seth recibe una mamada al lado de su novia, mientras Jenna chupa  si fuera un helado. La tensión es tan espesa que se podría cortar con un cuchillo. Pero cuando la novia se va, Jenna se apodera de la situación como una reina tomando su trono. Se sienta sobre su mástil y la engulle con esas nalgas destructivas, comiéndosela como si fuera una salchicha de pancho. El sofá cruje bajo su peso, pero a ella no le importa: perrito, costado, misionero… cada posición es un nuevo capítulo de su traición. Solo se escucha el rudo sonido de su culo rebotando contra la verga que tanto la hace gemir, como si estuviera poseída.

Montada de vaquera inversa las ubres le rebotan en toda la toma como campanas de iglesia en domingo. Ella no se detiene: de costado, mientras se toca la concha como si estuviera ordeñando una vaca, termina con un misionero que no tiene final… porque con Jenna Starr, el final siempre es relativo.



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