
Rompiendo las reglas de la hermandad
Zoe había sido siempre el ejemplo perfecto dentro de su hermandad: brillante, disciplinada, y fiel a las normas. Sin embargo, había...
Zoe no tenía idea de que las cámaras en la casa observaban cada movimiento, cada suspiro, cada dedo. Al llegar, comenzó una videollamada con su novio, riendo entre susurros mientras la pasión crecía en sus palabras. El deseo se desbordó cuando cerró la puerta tras ella, dejando la ropa desparramada en el suelo con la intención de ir directo a la cama. No sabía que cada gesto, cada imagen, estaba siendo grabada. Cuando Danny recibió la alerta en su móvil, no dudó en llegar al instante. Encontró las pruebas que tanto temía y, sin mediar palabras, la miró fijamente. Zoe, desbordada por la vergüenza, no tardó en ofrecerle lo que fuera necesario para mantener su secreto a salvo. Pero Danny sabía que ahora, más que nunca, tenía el control y que el silencio tiene aroma a sexo.